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martes, 22 de marzo de 2022

El águila que no sabía que era águila

 Cuentan que hace mucho tiempo, un águila, sobrevolando un corral de gallinas, se le desprendió un huevo, con tan buena fortuna que, al caer, el huevo no se rompió. Pasado un tiempo, un diminuto pico empezó a resquebrajar el huevo desde dentro: primero fue el pico, luego las garras, hasta que al final consiguió sacar todo el cuerpo.

La pequeña cría de águila se crió junto con los polluelos de las gallinas. Sin embargo los otros pollos se mofaban de él por ser diferente, llegando a picotearle con frecuencia.

Un buen día, un águila sobrevoló  el corral y vio cómo hasta los polluelos más pequeños se mofaban de la cría de águila. Al verlo, el águila se paró y le preguntó al aguilucho:

«¿Por qué te comportas como un pollo si puede saberse?»

El aguilucho le respondió: «soy un pollo».

«No», le contestó tajante el águila. «Eres un águila. Y tienes un pico formidable, unas garras poderosas y la capacidad de volar como una de las mejores aves».

«¡Vuela!», le ordenó el águila.

«¿Cómo voy a hacerlo si no puedo hacerlo?», le contestó el aguilucho.

«¡Te digo que vueles!», le respondió el águila cada vez más enfadada de ver la actitud del aguilucho.

Y así el aguilucho aleteó un poco sin prácticamente poder remontar el vuelo. 

«¿Ves?», le dijo el aguilucho. «No puedo volar».

Así que el águila cogió a la pequeña cría y lo llevó hasta la cima de una colina. Una vez allí, lo empujó al vacío y el aguilucho desesperado empezó a batir las alas tratando de volar, hasta que empezó a darse cuenta que podía hacerlo y además de forma excepcional.

¿Cuantas veces nos hemos tenido que asomar al abismo para darnos cuenta de lo que somos capaces de hacer?

El águila que no sabia quien era no podía volar. La confianza no reside en lo que somos, sino en lo que creemos que somos.


sábado, 24 de noviembre de 2012

El Problema

 
 
Cuenta la leyenda que en un monasterio budista ubicado en
una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas
del Himalaya, un buen día uno de los monjes guardianes más
ancianos falleció. Le hicieron los rituales tibetanos propios
para esas ocasiones, llenas de profundo respeto y misticismo.
Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las
funciones del puesto vacante del guardián. Debía encontrarse
el monje adecuado para llevárselas a cabo. El Gran Maestro
convocó a todos los discípulos del monasterio para
determinar quién ocuparía el honroso puesto de guardián.
El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una
magnifica mesita en el centro de la enorme sala en la que
estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón
de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria
belleza y dijo:
-.He aquí el problema. Asumirá el puesto de Honorable
Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo
resuelva.. Todos quedaron asombrados mirando aquella
escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa
flor en el centro. Los monjes se quedaron como petrificados
en el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes
internas… ¿Qué representaría ese bello jarrón con flores?
¿Qué hacer con él? ¿Cuál podría ser el enigma encerrado de
tan delicada belleza? ¿Simbolizaría acaso las tentaciones del
mundo? ¿Podría ser algo tan simple como que necesitara
agua la flor?
Eran tantas preguntas…
En un momento determinado, uno de los discípulos sacó una
espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se
dirigió al centro de la sala y … zas!!
Destruyó todo de un solo golpe.
Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: .
Alguien se ha atrevido no sólo a dar solución al problema,
sino a eliminarlo.
Honremos a nuestro Guardián del Monasterio..
En realidad, poco importa cuál sea el problema.
Hay problemas cuyo aspecto nos confunde, pues halaga los sentidos.
En el fondo sigue siendo un problema.
Si el problema, es exactamente eso: un problema, y precisa
ser eliminado.
Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que
fueron importantes en su pasado y que hoy solamente ocupan
un espacio inútil en sus mentes,
espacio que es indispensable para recrear la vida.
Un antiguo proverbio Chino dice:
Para que tú puedas beber
vino en una copa que se encuentra llena de té, es necesario
primero tirar el té y entonces podrás servir y beber el vino.
Limpia tu vida, comienza por las gavetas, armarios.
Exígete a ti mismo lo que te gustaría exigirles a los demás.
No te quejes con tu Dios diciéndole que tienes un gran problema,
dile a tu problema que tienes un gran Dios.

viernes, 26 de octubre de 2012

Todo pasa,...

Cuentan que un guardia del rey solía vanagloriarse diciendo que él podía conseguir todo lo que el rey quisiera. Un día, el rey quiso darle una lección pidiéndole algo imposible: un anillo que convirtiera a las personas tristes en felices y, viceversa, a las felices en tristes. El guardia aceptó el encargo.

Salió a buscar el anillo por todo el reino y sus confines, pero no encontró nada. Cuando había pasado seis meses y se vencía el plazo para entregar el anillo, un niño lo encontró muy triste y le preguntó qué le pasaba. El guardia le explicó su problema y el niño le entregó un anillo que tenía una inscripción. El guardia la leyó y pasó , de estar deprimido, a estar muy feliz.

Al día siguiente fue al palacio para entregar el anillo. El rey pensaba explicarle cuáles eran sus verdaderas intenciones al haberle dado ese encargo. El monarca estaba feliz, sentado en una sala con su séquito y admirando sus posesiones, cuando el guardia se le acercó y le entregó el anillo.

El rey leyó la inscripción, miró a su alrededor, y se puso muy triste. ¿Qué decía el anillo?


"Esto también pasará".
 
 

sábado, 30 de julio de 2011

Empuja tu roca

Había una vez un hombre que tenía un gran deseo de complacer a Dios, así que rezó día y noche hasta que escuchó una Voz que le dijo: “Quiero que vayas y empujes una roca“.

La mañana siguiente, el hombre se despertó eufórico y salió corriendo a buscar una roca enorme. Comenzó a empujarla, pero nada ocurría, así que siguió haciéndolo todo el día.

Al día siguiente, hizo lo mismo, pero la roca todavía no se movía ni un centímetro. El hombre continuó haciendo esto por tres meses, hasta que, un día, se frustró tanto que dejó de empujar.

Esa noche, tuvo un sueño y la Voz le preguntó: “¿Por qué dejaste de empujar?”. “Nada sucedió”, contestó el hombre. “¿Nada sucedió? ¡Mírate! Mira cuán determinado y enfocado te has vuelto. Mira cuán poderosos están tus músculos ahora. Ya no eres la persona que eras cuando comenzaste”.

“Además, Yo no te dije que movieras la roca; te dije que la empujaras. Yo moveré la roca cuando sea el momento“.

Mantente empujando tu roca. Ésta se moverá en el momento indicado, en el tiempo perfecto, cuando menos lo esperes. Y están ocurriendo cosas asombrosas aunque tú no lo notes.

http://www.senderoespiritual.com

sábado, 15 de enero de 2011

Amistad Verdadera

Un hombre, su caballo y su perro caminaban por una calle. Después de
mucho andar, el hombre se dio cuenta que tanto él, como su caballo y
su perro habían muerto (a veces los muertos toman tiempo para
comprender su nueva condición).

La caminata era muy larga, montaña arriba; el sol era fuerte y ellos
estaban cansados, sudados y tenían mucha sed. Necesitaban
desesperadamente agua. En una curva del camino vieron una puerta
magnífica, toda de mármol que conducía a una plazoleta con piso de
oro, en el centro de la cual había una fuente de la que brotaba agua
cristalina. El caminante se dirigió al guardián que, dentro de una
ornamentada casilla, vigilaba la entrada.
-"Buenos días", le dijo.

-"Buenos días", respondió el guardián.
-"¿Qué lugar es este, tan lindo?" preguntó el hombre.
-"Este es el Cielo", fue la respuesta.
-"Qué suerte que llegamos al Cielo! Estamos con mucha sed", dijo el
hombre.
-"Pues el señor puede entrar y beber agua a voluntad", contestó el
guardián, indicándole la fuente.
-"Mi caballo y mi cachorro también están sedientos", comentó el
hombre.
-"Lo lamento mucho", dijo el guardián,"pero aquí no se permite la
entrada a los animales".

-"Pero ellos me han acompañado siempre", dijo el hombre.
El guardián se limitó a menear la cabeza negativamente.
El hombre quedó muy desilusionado, porque su sed era grande, pero
decidió no beber si sus amigos no podían hacerlo. Así que prosiguió
su camino.

Después de mucho caminar montaña arriba, con sed y cansancio
multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por
una vieja puerta entreabierta. La puerta se abría hacia un amplio
camino de tierra, con verdes árboles a ambos lados que brindaban
buen cobijo del sol. A la sombra de uno de ellos había un anciano de
blanca barba, apoyado sobre el tronco; parecía adormilado, con la
cabeza cubierta por un sombrero. El caminante se aproximó.
-"Buenos días", le dijo.

-"Buenos días", respondió el anciano.
-"Estamos con mucha sed, mi caballo, mi perro y yo. Hay algún lugar
donde podamos encontrar agua?"
-"Detrás de aquellos matorrales hay un manantial", contestó el
anciano. "Pueden beber a voluntad".
El hombre, el caballo y el perro fueron hasta el manantial y
finalmente pudieron calmar la sed y refrescarse. Al volver hasta
donde estaba el anciano el hombre le agradeció.
-"Pueden volver cuando quieran", fue la respuesta.
-"A propósito", dijo el caminante, "cuál es el nombre de este lugar?"
-"Están en el cielo", contestó el anciano con una sonrisa.
-"¡Pero no es posible!" exclamó el hombre. "El guardián que estaba
al pie de la montaña , junto al gran portal de mármol, nos dijo que
el Cielo era aquel!"
-"No, aquello no es el cielo, es el infierno."
El caminante quedó perplejo.
-"Pero entonces, esa es una información falsa, y puede causar
grandes confusiones!!!"

-"De ninguna manera", respondió el anciano, "La verdad es que ellos
nos hacen un gran favor, porque ALLÁ SE QUEDAN AQUELLOS QUE SON
CAPACES DE ABANDONAR A SUS MEJORES AMIGOS…"

miércoles, 21 de julio de 2010

La felicidad...

Cuentan que una vez un hombre caminaba por la playa en una noche de
luna llena y hundido en sus pensamientos repetía para si mismo: "Si
tuviera una casa grande, sería feliz". "Si tuviera un excelente
trabajo, sería feliz". "Si tuviera muchas joyas, sería feliz". "Si
tuviera una hacienda con mucho ganado sería feliz "…

En ese momento tropezo con una bolsita llena de piedras a las que no
dio mayor importancia y empezó a tirar una por una al mar cada vez
que decia: "Sería feliz si tuviera …"

Así lo hizo hasta que quedaba una piedrita en la bolsa, la cual
decidió guardar, solo por un pálpito. Al llegar a su casa se dio
cuenta de que aquella piedrita era un diamante muy valioso y de
todas las cosas que podía haber hecho si no las hubiese tirado al
mar.

Cuantos de nosotros pasamos arrojando nuestros preciosos tesoros por
estar soñando con cosas lujosas.

Cada uno de nuestros días es un diamante precioso, valioso e
irremplazable. Depende de ti aprovecharlo o lanzarlo al mar del
olvido para nunca más poder recuperarlo. Mira a tu alrededor con
cuidado para que, con descuido, no tires cosas valiosas porque
parezcan insignificantes o porque estás buscando cosas que no son
para ti.

Ser feliz es más sencillo de lo que crees, solamente disfruta de los
pequeños GRANDES obsequios que el Señor tiene cada día para ti.

http://www.senderoespiritual.com

martes, 16 de febrero de 2010

Cuento Indígena

Un viejo cacique de una tribu estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida.
Él les dijo:

"¡Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí!... ¡es entre dos lobos!
"Uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor avaricia,
arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo,egolatría,
competencia, superioridad.

"El otro es Bondad, Alegría, Paz, Amor, Esperanza, Serenidad, Humildad, Dulzura, Generosidad, Benevolencia, Amistad, Empatía, Verdad, Compasión y Fe.

Esta misma pelea está ocurriendo dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra.

Lo pensaron por un minuto y uno de los niños le preguntó a su abuelo:

"¿Y cuál de los lobos crees que ganará?"
El viejo cacique respondió, simplemente...

"El que alimentes."